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Saga de Odd Cap V - continuacón

Ni siquiera podían tumbar el mástil y tuvieron que achicar constantemente el agua, La tempestad fue tan violenta que pensaron que los barcos se hundirían bajo sus pies.
Entonces llama Gudmund desde su barco a Odd y dice:
_¿Qué decisión vas a tomar?
_Sólo se puede decir una cosa _advirtió Odd.
¿Cuál es?- preguntó Gudmund.
Coged todas las mercancías finesas y arrojarlas por la borda _ dijo Odd.
_¿De qué les servirá a ellos?_ replicó Gudmund.
Dejemos que los fineses lo comprueben por sí mismos_ contestó Odd.
Y sucedió que toda la mercancía finesa fue arrojada al agua. A continuación observaron que ésta corrió hacia delante por una borda y hacia atrás por la otra hasta que formó una especie de hato, entonces corrió impetuosamente contra la tempestad hasta que desapareció de la vista. Poco después de esto ven tierra, y la mayoría estaban agotados por el esfuerzo, excepto los parientes y Ásmund.
Finalmente toman tierra. No se dice cuánto tiempo estuvieron en el mar. Descargan entonces los barcos y Odd decide que deben vararlos y ocultarlos bien. A continuación se ponen manos a la obra y se construyen un refugio. Cuando han finalizado la tarea, comienzan la explotación del país. Odd dedujo que se trataba de una isla. Vieron que allí no faltaban animales y dispararon dardos sobre cuantos necesitaban para su alimentación.
Ocurrió un día que Odd había ido al bosque y vio un enorme oso. Disparó sobre él y no falló, y cuando el animal estuvo muerto lo hizo despellejar. Luego hace colocar unos soportes en su boca de un extremo a otro. Lo hace poner en pie en medio del camino y hace que el oso mire hacia tierra forme. Odd disfrutó mucho en la isla.
Una tarde que se hallaban observaron acontecimientos en tierra firme, pues un grupo de individuos, tanto grandes como pequeños, se reunía en cierto cabo.
_¿Qué cree, Odd pariente mío_ preguntó Gudmund-, que va a hacer esta gente?
_No lo sé _ contestó Odd_, pero intentaré ir a tierra y averiguar de qué se habla allí.
Odd le pidió a Ásmund que le acompañara. Se dirigen al mar y suben a un bote. Se acercan remando al cabo, retiran los remos y escuchan la conversación de los hombres.
Ahora toma la palabra el que era su jefe:
_Como sabéis, han llegado unos niños a la isla que nosotros poseemos y nos causan un gran daño, y por eso he venido aquí a proponer la muerte para los que se han establecido en nuestras propiedades. Tengo un anillo en mi mano. Se lo daré al que quiera matarlos.
Una mujer se presentó en la reunión y proclamó:
_Nosotras las mujeres somos coquetas y, por eso, dadme el anillo.
_Si _ aseguró el gigante_, es muy apropiado para este viaje, si vas.
Odd y los suyos caminan hasta que llegan a casa, y cuentan cosas que habían oído. Y antes de lo esperado vieron a una mujer que salía de tierra firme hacia la isla. Llevaba una túnica de cuero, era horrible y de gran tamaño, tanto que creyeron no haber visto nunca antes un ser semejante. Ella se dirige a los barcos y coge ambas rodas y las agita de tal manera que parecía que iban a partirse en dos. Luego vuelve a tierra, pero Odd se coloca detrás del oso. Había hecho colocar antes carbones encendidos en la boca de éste. Toma ahora una flecha y la dispara desde la espalda del animal. Ela ve la flecha que vuela en su dirección y la rompe con la palma de su mano, sin herirse más que si hubiera dado en una piedra. Entonces recurrió Odd a las Gusisnautar y disparó una de ellas. Ella alza ante sí la otra mano y la flecha vuela atravesándola, se mete por su ojo y le sale por la nuca. Pero ella sigue avanzando. Odd dispara la tercera flecha. Entonces ella extiende la palma de la otra mano, en la que había escupido antes, pero la flecha vuela como la anterior, entra en el ojo y sale por la nuca. Se da la vuelta y regresa vadeando a tierra forme y cuenta que su viaje no le había salido a pedir de boca. Tras esto, permanecen tranquilos en la isla durante algún tiempo.

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