Origen y Gesta de los Godos - Continuación VI

Contenido y estructura de la obra

A falta de la Historia Gótica de Casiodoro, los Getica de Jordanes constituyen el primer intento conocido de crear una historia nacional de un pueblo europeo elaborada de un modo consciente con este objetivo. Siguiendo el precedente de Jordanes aparecerán posteriormente la historia de los francos de Gregorio de Tours, la de los anglosajones de Beda o la de los longobardos de Pablo Diácono como representantes genuinas de la nueva «Europa de las Naciones» que se impuso tras la caída del Imperio Romano Occidental.
Esta concepción de la obra como historia nacional tiene una importancia trascendental en los Getica de Jordanes y determina claramente su contenido y estructura. El cambio operado con respecto a la historiografía romana de corte tradicional será, en efecto, notable. Hasta ese momento la historiografía romana había considerado a los godos como uno más de los distintos pueblos bárbaros situados en los límites de su Imperio o que lo asolaban periódicamente, y como tal aparecían tratados en las grandes obras de los historiadores latinos. Será, pues, por vez primera en la obra de Jordanes donde Roma y su imperio no ocupen el papel de protagonista y eje de los acontecimientos, sino que se conviertan de repente en parte marginal del relato en función de la historia goda.


En este sentido, el esquema seguido por Jordanes responde a pautas bien definidas, poco acordes con los modelos historiográficos latinos de corte tradicional y que se ajustan a la perfección a las necesidades evolutivas de la propia historia goda. La obra se organiza, pues, en tres partes claramente diferenciadas:
1. Orígenes geográficos e históricos del pueblo godo. Migraciones.
2. Historia y evolución del pueblo visigodo.
3. Historia y evolución del pueblo ostrogodo .
— La primera parte de la obra, que ocupa en nuestra edición los §§ 1-130, es la más compleja desde el punto de vista estructural. Comienza con un prólogo
(§§ 1-130 de gran valor referencial, como hemos visto más arriba, en el que el autor se confiesa deudor de la obra de Casiodoro. Inmediatamente después se nos presenta una descripción general del mundo, comenzando por oriente y llegando hasta la zona más occidental del orbe, la isla de Escandía, que resulta ser la patria originaria del pueblo godo y el punto de partida de su historia, lo que en palabras de M. Reydellet vendría a ser algo así como el ab urbe condita de los godos . Desde los territorios escandinavos los godos habrían emigrado hasta las costas del Báltico (Gotiscandia) y desde allí hasta Escitia.
Aunque ningún otro historiador de la Antigüedad nos ha transmitido dato alguno relacionado con estos orígenes escandinavos de los godos, los datos de la arqueología moderna no parecen desmentir, sino más bien confirmar este testimonio único de Jordanes . Más ficticios resultan, en cambio, sus relatos posteriores al establecimiento de los godos en Mesia, Tracia y Dacia. Aunque siempre con un fondo relativo de verdad, Jordanes distorsiona deliberada pero hábilmente los datos históricos con el fin de hacer intervenir a los godos en gestas heroicas que tienen como marco el apogeo de todos los grandes imperios antiguos: egipcio, persa, macedonio, etc. Totalmente legendarios y carentes de veracidad histórica resultan los enfrentamientos de los godos con los egipcios (§§ 44-48), su relación con las Amazonas (§§ 49-57) o su intervención en la Guerra de Troya (§§ 58-60). Todos estos hechos resultan, no obstante, verosímiles en el contexto de la obra de Jordanes tan sólo en virtud de la identificación de los godos con otros pueblos antiguos como los gépidas, los dacios, los escitas o los getas .
Sin embargo, al final de esta primera parte, los datos ficticios comienzan a mezclarse progresivamente con otros reales, y las legendarias estirpes godas dan paso a los primeros enfrentamientos históricos con el Imperio Romano a mediados del siglo III d.C. La invasión del bajo Danubio por los hunos (§§ 121-128) traerá como consecuencia inmediata la fragmentación del pueblo godo, que hasta entonces había permanecido fielmente unido, en dos ramas separadas tanto geográfica como políticamente: los visigodos y los ostrogodos.
Además de su innegable valor histórico, esta primera parte de la obra es abundante en digresiones de carácter geográfico, entre las que resultan particularmente interesantes aquellas que nos ofrecen descripciones de Britania (§§ 10-15), Escandía (§§ 16-24), Escitia (§§ 30-37) o la región del Cáucaso (§§ 52-55).
— La segunda parte de los Getica (§§ 131-245) tiene como argumento la evolución histórica del pueblo visigodo desde su célebre paso del Danubio en el 376, compelido por la presión de los hunos, y su posterior asentamiento en el territorio del Imperio Romano hasta la caída del último emperador de occidente, Rómulo Augústulo, en el 476. Este período de cien años es trascendental para el afianzamiento de la nación gótica. En este tiempo, de simples federados del Imperio, los visigodos se robustecen hasta convertirse en aliados paritarios de Roma en sus luchas contra Atila, muy particularmente en la decisiva batalla de los Campos Cataláunicos del 451 (§§192-217) cuya narración pormenorizada es, sin duda, por su belleza literaria uno de los pasajes trazados con mayor maestría de toda la obra de Jordanes. La historia del reino visigodo de Tolosa, las hazañas de sus sucesivos monarcas, las luchas contra los suevos por el dominio de los territorios hispanos y la caída de Roma a manos de Odoacro sirven de remate para esta parte central de la obra.
— La tercera y última parte del relato de Jordanes (§§ 246-314) está dedicada a los ostrogodos. Desde su liberación del yugo de los hunos tras la derrota de Atila, asistimos impresionados a una serie ininterrumpida de victorias y conquistas de sus valerosos reyes que desembocan en el apoteósico reinado de Teodorico. Probablemente es esta parte de los Getica la que puede caracterizar mejor sus ansias de exaltación de la historia goda. Su hiperbólico y constante panegírico de la figura del monarca ostrogodo, heredero de la ancestral nobleza gótica de la familia amala, una raza de reyes destinada providencialmente a convertirse en sucesora legítima del Imperio Romano y en dueña de sus destinos, insinuada anteriormente con mayor o menor énfasis, aparece ahora dibujada con toda nitidez en el relato. Sin embargo, este largo proceso de engrandecimiento del pueblo godo no culmina con su glorificación final, sino con una sorprendente derrota. Un final sin duda triste y negativo de no ser por la puerta a la esperanza que deja abierta el nacimiento del joven Germano, síntesis esperanzadora de la sangre goda y la romana, en quien Jordanes parece pensar como futuro rector de los destinos del Imperio.
Éste es, en síntesis, el plan de la obra de Jordanes. Sin embargo, debajo de este esquema, en apariencia sencillo y simplemente ajustado a la descripción histórica de las gestas del pueblo godo, han sido muchos los estudiosos que han creído descubrir motivaciones ocultas y una intencionalidad más profunda ligada al pensamiento político de Jordanes . Para algunos su intento de ilustrar a romanos y bizantinos sobre la grandeza de la historia goda está motivado por el mismo deseo casiodoriano de favorecer una eventual fusión entre godos y romanos en unos tiempos convulsos de lucha descarnada entre ambos pueblos, aunque siempre bajo la autoridad del emperador de Bizancio, heredero legítimo del imperio occidental perdido . Para otros su intención habría sido más bien la de mostrar la decadencia contemporánea de la nación goda, que, después de tantos vanos intentos por conseguir una patria estable a partir de sus primeras migraciones desde Escandinavia y de sus asentamiento en diversos territorios del Imperio Romano, debe resignarse al sometimiento a la universalidad de ese mismo Imperio ahora encarnado en la colosal figura de Justiniano .

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