Preludio- Acto III

Acto III

En la cumbre de una montaña rocosa. A la derecha un bosque de abetos. A la izquierda, la boca de una gruta que forma una sala natural: por encima de ella se eleva la peña hasta su picacho más alto. Hacia detrás rocas de diferente altura flanquean la orilla de la cuesta que desciende escarpadamente hacia el foro. Masas de nubes dispersas corren por delante del borde de las rocas, como empujadas por la tormenta. Gerhilde, Ortlinde, Waltraute y Schwertleite han acampado en el picacho que hay encima de la gruta; van completamente armadas.

ACTO III

Escena Primera

GERHILDE
¡Hojotoho! ¡Hojotoho!
¡Heyaha! ¡Heyaha!
¡Helmwige! ¡Aquí!
¡Ven acá con el corcel!

VOZ DE HELMWIGE
¡Hojotoho! ¡Hojotoho! ¡Heyaha!

(En el nubarrón estalla el resplandor
de un rayo; en él se hace visible una
walkyria a caballo: sobre su silla
cuelga un guerrero muerto)

GERHILDE, WALTRAUTE,
SCHWERTLEITE
¡Heyaha! ¡Heyaha!

ORTLINDE
Lleva a tu garañón junto a la yegua
de Ortlinde:
con mi ruana
pace a gusto tu bayo.

WALTRAUTE
¿Qué cuelga de tu silla?

HELMWIGE
¡Sintolt, el heguelingo!

SCHWERTLEITE
Conduce tu bayo
lejos de la ruana:
la yegua de Ortlinde
lleva a Wittig, el irmingo.

GERHILDE
¡Siempre había visto luchar
a Sintolt y Wittig!

ORTLINDE
¡Heyaha!
¡A la yegua ataca el garañón!

GERHILDE
¡La querella de los héroes
enemista a los corceles!

HELMWIGE
¡Calma, bayo!
¡No rompas la paz!

WALTRAUTE
¡Hojotoho! ¡Hojotoho!
¡Siegrune, aquí!
¿Dónde te demoraste tanto?

VOZ DE SIEGRUNE
¡He tenido que hacer!
¿Están ya las otras?

SCHWERTLEITE, WALTRAUTE
¡Hojotoho! ¡Hojotoho!
¡Heyaha!

GERHILDE
¡Heyaha!

GRIMGERDE, ROSSWEISSE
¡Hojotoho! ¡Hojotoho!
¡Heyaha!

WALTRAUTE, SCHWERTLEITE
¡Grimgerde y Rossweisse!

SCHWERTLEITE
¡Cabalgan aparejadas!

HELMWIGE, ORTLINDE,
SIEGRUNE
¡Salve, aguerridas!
¡Rossweisse y Grimgerde!

VOCES DE GRIMGERDE,
ROSSWEISSE
¡Hojotoho! ¡Hojotoho! ¡Heyaha!

LAS OTRAS SEIS
WALKYRIAS
¡Hojotoho! ¡Hojotoho!
¡Heyaha, heyaha!

GERHILDE
¡Al bosque los caballos,
que descansen y pasten!

ORTLINDE
¡Apartad los corceles
unos de otros,
hasta que se aplaque el odio
de nuestros héroes!

HELMWIGE
¡La furia de los héroes
ha sufrido la ruana!
ROSSWEISSE, GRIMGERDE
¡Hojotoho! ¡Hojotoho!

LAS OTRAS SEIS
WALKYRIAS
¡Bienvenidas! ¡Bienvenidas!

SCHWERTLEITE
¿Estuvisteis juntas, osadas?

GRIMGERDE
Cabalgamos separadas,
y nos hemos encontrado.

ROSSWEISSE
Si ya estamos todas reunidas,
no nos demoraremos más,
partamos hacia el Walhalla,
para llevarle a Wotan los héroes.

HELMWIGE
Sólo somos ocho,
aún falta una.

GERHILDE
Falta Brunilda
con el trigueño welsungo.

WALTRAUTE
Tendremos que esperarla;
¡el Padre de los Combates
nos saludaría airado
si nos viera acercarnos sin ella!

SIEGRUNE
(en la atalaya rocosa, desde donde
escruta la lejanía)
¡Hojotoho! ¡Hojotoho!
¡Para acá! ¡Para acá!
En frenética cabalgada
corre Brunilda hacia aquí.

LAS OCHO WALKYRIAS
¡Hojotoho! ¡Hojotoho!
¡Brunilda! ¡Hey!

WALTRAUTE
Hacia el abetal conduce
al tambaleante corcel.

GRIMGERDE
¡Cómo resopla Grane
por tan rápido galope!

ROSSWEISSE
¡Jamás vi a walkyrias cabalgar
tan veloces!

ORTLINDE
¿Qué cuelga de su silla?

HELMWIGE
¡Eso no es un héroe!

SIEGRUNE
Trae una mujer.

GERHILDE
¿Cómo la encontró?

SCHWERTLEITE
¡Con ningún grito
saluda a sus hermanas!

WALTRAUTE
¡Heyaha, Brunilda!
¿No nos oyes?

ORTLINDE
¡Ayudad a la hermana
a bajar del corcel!

HELMWIGE, GERHILDE,
SIEGRUNE, ROSSWEISSE
¡Hojotoho! ¡Hojotoho!

ORTLINDE, WALTRAUTE,
GRIMGERDE, SCHWERTLEITE
¡Heyaha!

WALTRAUTE
¡Al suelo se precipita Grane,
el fuerte!

GRIMGERDE
De la silla baja ella veloz
a la mujer.

ORTLINDE, WALTRAUTE,
GRIMGERDE, SCHWERTLEITE
¡Hermana! ¡Hermana!
¿Qué ha sucedido?

(entra Brunilda sosteniendo y
guiando a Sieglinde)

BRUNILDA
¡Protegedme y ayudadme
en la extrema necesidad!

LAS OCHO WALKYRIAS
¿Desde dónde cabalgas hacia aquí
con tanta prisa?
¡Así vuela sólo quien huye!

BRUNILDA
Por primera vez huyo
y soy perseguida:
el Padre de los Ejércitos me da caza.

LAS OCHO WALKYRIAS
¿Estás en tu juicio? ¡Habla! ¡Dinos!
¿Te persigue
el Padre de los Ejércitos?
¿Huyes de él?
BRUNILDA
(se vuelve angustiada, para
escrutar el horizonte, y regresa)
¡Oh, hermanas,
vigilad desde el pico de la montaña!
Mirad al norte si se acerca
el padre de los Combates.
¡Deprisa! ¿Le veis ya?

(Ortlinde y Waltraute corren a la
atalaya en el picacho)

ORTLINDE
Una tormenta se acerca
desde el norte.

WALTRAUTE
¡Densos nubarrones
se acumulan allí!

LAS OTRAS SEIS
WALKYRIAS
¡El Padre de los Ejércitos
monta su sagrado corcel!

BRUNILDA
¡El salvaje cazador que
furiosamente me da caza,
se acerca, se aproxima por el norte!
¡Protegedme, hermanas!
¡Salvad a esta mujer!

SEIS WALKYRIAS
¿Qué le ocurre a esta mujer?

BRUNILDA
Oídme aprisa:
es Sieglinde,
hermana y novia de Siegmund;
contra los welsungos
brama de rabia Wotan;
al hermano debía arrebatarle hoy
Brunilda la victoria;
pero protegí a Siegmund
con mi escudo,
desafiando al dios;
él mismo lo atravesó
con su lanza;
Siegmund cayó;
pero yo huí lejos
con la mujer.
Para salvarla,
corrí a reunirme con vosotras,
¡y también, atemorizada,
para que me protejáis
del castigo!

SEIS WALKYRIAS
Enloquecida hermana,
¿qué hiciste?
¡Ay de ti! ¡Brunilda! ¡Ay de ti!
¿Rompió desobediente Brunilda
la sagrada orden
del Padre de los Ejércitos?

WALTRAUTE
(desde la atalaya)
La oscuridad
desciende desde el norte.

ORTLINDE
(igual)
Furiosamente avanza
hacia aquí la tormenta.

ROSSWEISSE, GRIMGERDE,
SCHWERTLEITE
¡Salvaje relincha el corcel
del Padre de los Combates!

HELMWIGE, GERHILDE,
SIEGRUNE
¡Terrible resopla acercándose!

BRUNILDA
Ay de la mísera
si Wotan la encuentra:
¡amenaza con aniquilar
a todos los welsungos!
¿Quién de vosotras me dejará
el más ligero corcel,
que veloz aleje a la mujer?

SIEGRUNE
¿También nos aconsejas
loco desafío?

BRUNILDA
¡Rossweisse, hermana,
préstame tu caballo!

ROSSWEISSE
Jamás huyó
ante el Padre de los Combates.

BRUNILDA
¡Helmwige, escúchame!

HELMWIGE
Obedezco al padre.

BRUNILDA
¡Grimgerde! ¡Gerhilde!
¡Cededme vuestro corcel!
¡Schwertleite! ¡Siegrune!
¡Ved mi angustia!
¡Oh, sedme fieles,
como yo lo fui a vosotras!
¡Salvad a esta pobre mujer!

SIEGLINDE
(que hasta ahora ha permanecido
sombría y fría, con la mirada fija
delante de sí, se sobresalta con un
gesto de rechazo cuando Brunilda
la abraza como para protegerla)
No sufras por mí:
sólo me conviene la muerte.
¿Quién te ordenó, virgen,
sustraerme al combate?
Allí, en la liza,
hubiera recibido el golpe
de la misma arma
que abatió a Siegmund:
¡el fin hubiera encontrado
junto a él!
¡Lejos de Siegmund, de Siegmund,
estoy ahora!
¡Estaríamos unidos por la muerte!
Si no debo maldecirte,
virgen, por haberme salvado,
oye, entonces,
mi súplica:
¡clávame tu espada en el corazón!
BRUNILDA
¡Vive, oh mujer,
por el bien de tu amor!
Salva la prenda
que recibiste de él:
¡un welsungo crece en tu seno!

SIEGLINDE
(de inmediato su rostro resplandece
de alegría)
¡Sálvame, osada!
¡Salva a mi hijo!
¡Concededme, vírgenes,
vuestra poderosa protección!

WALTRAUTE
(desde la atalaya)
¡Ya llega la tormenta!

ORTLINDE
(igual)
¡Huya quien la tema!

LAS OTRAS SEIS
WALKYRIAS
¡Llévate a la mujer,
si la amenaza un peligro!
¡Ninguna de las walkyrias
osará protegerla!

SIEGLINDE
¡Sálvame, virgen!
¡Salva a la madre!

BRUNILDA
¡Así pues, huye deprisa,
y huye sola!
Yo me quedo,
me ofreceré a la venganza de Wotan:
retendré aquí junto a mí
al airado,
mientras tú escapas a su rabia.

SIEGLINDE
¿A dónde debo dirigirme?

BRUNILDA
¿Cuál de vosotras, hermanas,
conoce el este?

SIEGRUNE, ROSSWEISSE
Hacia el este, a lo lejos,
se extiende un bosque:
el tesoro de los nibelungos
se llevó hasta allí Fafner.

SCHWERTLEITE, HELMWIGE
Figura de reptil
adoptó el salvaje;
¡en una cueva guarda
el anillo de Alberich!

GRIMGERDE
No es aquél lugar seguro
para una mujer indefensa.

BRUNILDA
Pero seguramente el bosque
la protegerá de la furia de Wotan;
el poderoso le teme,
y evita el lugar.

WALTRAUTE
(desde la atalaya)
¡Airado se acerca Wotan
hacia la roca!

LAS SEIS WALKYRIAS
¡Brunilda, escucha el fragor
de su llegada!

BRUNILDA
¡Vete lejos,
rumbo al este!
Con valiente obstinación
soporta todas las fatigas,
hambre y sed, zarzas y piedras;
¡ríe si la necesidad,
si el sufrimiento te maltrata!
Debes saber una cosa
y defenderla siempre:
¡al más sublime
héroe del mundo
cobijas tú, oh mujer,
en el seno protector!

(Extrae los pedazos de la espada
de Siegmund de debajo de su
coraza y se los alarga a
Sieglinde)

Guárdale bien
los fuertes pedazos de la espada:
del campo de batalla de su padre
los sustraje felizmente.
El que, de nuevo forjada,
blandirá un día la espada,
reciba de mí su nombre:
¡"Sigfrido", la alegre victoria!
SIEGLINDE
¡Virgen magnífica!
¡A ti, fiel,
debo sagrado consuelo!
Por él,
por el que nosotras amábamos,
salvaré yo lo más amado:
¡sonríate algún día
la recompensa de mi gratitud!
¡Adiós!
¡Te bendice el dolor de Sieglinde!

(corre fuera, por el proscenio a la
derecha. La montaña rocosa está
rodeada por negros nubarrones
tormentosos; terrible tempestad
ruge desde el foro; creciente
resplandor ígneo a la derecha,
también desde el foro)

VOZ DE WOTAN
¡Deténte, Brunilda!

ORTLINDE, WALTRAUTE
(bajando de la atalaya)
¡La roca alcanzaron
corcel y jinete!

LAS OCHO WALKYRIAS
¡Ay de ti, Brunilda!
¡Te ha alcanzado la venganza!

BRUNILDA
¡Ay, hermanas, ayudadme,
me tiembla el corazón!
Su cólera me destrozará,
si vuestra protección no le aplaca.

LAS WALKYRIAS
¡Por aquí, perdida!
¡No te dejes ver,
arrímate a nosotras
y no contestes a la llamada!
¡Ay dolor!
¡Furioso descabalga Wotan
el corcel!
¡Hacia aquí apresura
sus vengativos pasos!
Escena Segunda

(Wotan entra viniendo del abetal
con extrema excitación colérica)

WOTAN
¿Dónde está Brunilda?
¿Dónde, la criminal?
¿Osáis ocultarme
a la malvada?

LAS OCHO WALKYRIAS
¡Terrible ruge tu furia!
¿Qué hicieron,
padre, tus hijas,
para que estés tan furioso?

WOTAN
¿Queréis burlaros de mí?
¡Guardaos, insolentes!
Lo sé:
me ocultáis a Brunilda.
Apartaos de ella;
sea arrojada para siempre,
como ella arrojó de sí
su estima.

ROSSWEISSE
Ha buscado refugio a nuestro lado,
la perseguida.

LAS OCHO WALKYRIAS
¡Imploró nuestra protección!
Tu cólera la llena
de terror y de espanto:
por la angustiada hermana
te rogamos ahora
que domines tu cólera.
¡Déjate ablandar por ella,
modera tu enojo!

WOTAN
¡Blandengue ralea de mujeres!
¿Tan débil ánimo recibisteis de mi?
¿Os crié arrojadas,
educandoos para la lucha,
hice vuestros corazones
duros y fieros,
para que ahora, salvajes,
lloréis y gimoteéis
cuando mi cólera castiga
a una infiel?
Sabed, pues, lloronas,
lo que cometió
ésa por la que, cobardes,
se inflaman vuestros corazones:
nadie conocía
como ella mi íntimo pesar;
¡nadie conocía como ella
la fuente de mi voluntad!
Ella misma era
la encarnación
de mis propios deseos,
¡y ahora ha roto
tan dichosa unión,
pues infielmente
se ha opuesto a mi voluntad,
de mi orden soberana
se ha burlado abiertamente.
¡contra mí ha vuelto sus armas
que mi deseo hizo para ella sola!
¿Oyes, Brunilda?
¿Tú, a quien presté
coraza, yelmo y favor,
nombre y vida?
¿Oyes elevarse mi acusación
y te ocultas, medrosa, del acusador,
para escapar al castigo
cobardemente?
BRUNILDA
¡Aquí estoy, padre!
¡Impón el castigo!

WOTAN
No soy yo quien te castiga,
tú te impondrás el castigo.
Existías sólo por mi voluntad,
pero contra mí
has querido rebelarte;
ejecutabas únicamente mis órdenes,
pero te has opuesto a lo ordenado;
virgen del deseo eras para mí,
pero te has opuesto a mis deseos,
portadora del escudo eras para mí,
pero el escudo contra mí
has levantado;
electora del destino
eras para mí,
pero el destino has elegido
contra mi voluntad:
te encargué infundir valor
a los héroes
pero tú has lanzado
a los héroes contra mí.
Wotan te ha dicho
lo que antes fuiste.
Lo que ahora eres,
dítelo tú misma.
Nunca más serás
virgen de mi deseo;
dejarás de ser walkyria:
¡sé de ahora en adelante
lo que ya sólo puedes ser!

BRUNILDA
¿Me repudias?
¿Te he entendido bien?

WOTAN
Nunca más te enviaré
desde el Walhalla;
nunca más buscarás héroes
entre los combatientes;
nunca más guiarás vencedores
a mi sala.
En el íntimo banquete
de los dioses,
nunca más me ofrecerás
graciosamente la bebida.
Nunca más besaré
tu boca virginal;
de la divina tropa
estás separada,
apartada de la estirpe
de los eternos;
¡rota está nuestra unión,
de mi vista estás desterrada!

LAS WALKYRIAS
¡Dolor! ¡Desdicha!
¡Hermana, ay, hermana!

BRUNILDA
¿Me quitas todo
lo que un día me diste?

WOTAN
¡Quien te dio poderes te los arrebata!
Aquí en la montaña te encantaré,
en sueño indefenso te sumiré;
¡que tome después a la virgen
el hombre
que en el camino la encuentre
y la despierte!

LAS OCHO WALKYRIAS
¡Deténte, oh padre!
¡Detén la maldición!
¿Debe marchitarse la virgen
antes que el hombre?
¡Oye nuestra súplica!
¡Terrible dios!
¡Ay, aparta de ella
el mortificante ultraje!
¡Como a la hermana,
nos alcanzará su afrenta!

WOTAN
¿No oísteis lo que dispuse?
De vuestra tropa está separada
la hermana desleal;
con vosotras no cabalgará
nunca más por los aires;
la flor virginal
se marchitará en la doncella;
un esposo ganará
sus favores femeninos;
¡en adelante
obedecerá al hombre
que sea su dueño,
junto al hogar
se sentará e hilará,
y será objeto
de todas las burlas!
(Brunilda cae al suelo con un grito;
espantadas, las walkyrias se
apartan de ella con gran alboroto
y precipitación)

¿Os asusta su destino?
¡Entonces, escapad de la perdida!
¡Apartaos de ella
y manteneos lejos!
Quien de vosotras osara
quedarse con ella,
quien, desafiándome,
defienda a la desdichada,
esa loca compartirá su suerte:
¡esto advierto a la temeraria!
¡Ahora, fuera de aquí, evitad la roca!
¡Lejos de aquí huid presto;
si no, aquí os aguarda
la desdicha!

LAS WALKYRIAS
¡Oh dolor! ¡Oh dolor!

(se dispersan con salvajes gritos
y se precipitan en rápida huida
hacia el abetal)
Escena Tercera

BRUNILDA
¿Fue tan infame
lo que cometí,
que castigas
tan vergonzosamente
mi crimen?
¿Fue tan bajo lo que te hice,
que me humillas
tan profundamente?
¿Fue tan deshonroso
lo que perpetré,
que mi falta
te roba ahora la honra?
¡Oh, di, padre!
Mírame a los ojos:
calma la cólera,
reprime el furor,
y explícame claramente
qué oscura culpa
con rígida obstinación te obliga
a repudiar a tu más querida hija.

WOTAN
¡Medita en lo que has hecho;
y ello te explicará tu culpa!

BRUNILDA
Ejecuté
tu orden.

WOTAN
¿Te ordené yo pelear
por el welsungo?

BRUNILDA
Eso me ordenaste
como señor de las batallas.

WOTAN
¡Pero después
retiré mi orden!

BRUNILDA
Cuando Fricka
te enajenó el pensamiento,
pues al someterte tú al suyo,
fuiste tu propio enemigo.

WOTAN
Que me habías comprendido,
imaginaba yo,
castigo el desafío consciente:
¡pero tú me juzgaste
cobarde y necio!
¿No debería vengar la traición?
¿Eras demasiado insignificante
para provocar mi cólera?

BRUNILDA
No soy sabia,
pero yo sabía una cosa:
que tú amabas al welsungo.
Yo sabía el dilema
que te obligaba
a olvidar eso completamente.
Tuviste que ver únicamente lo otro,
lo que laceraba tan acerbamente
tu corazón:
tenerle que negar a Siegmund
tu protección.

WOTAN
¿Lo sabías y, no obstante,
osaste protegerle?

BRUNILDA
¡Porque yo sólo tenía
delante de los ojos
tu voluntad inicial,
aquella a la que,
forzado por otros,
debiste renunciar!
La que sigue en el combate
siendo escudo de Wotan,
vio lo que tú no viste:
únicamente veía a Siegmund.
Anunciándole la muerte,
comparecí ante él,
descubrí sus ojos,
oí sus palabras;
percibí la sagrada necesidad
del héroe;
escuché la queja del más bravo:
¡la terrible pena del más libre
de los enamorados,
el desafío
del más audaz desdichado!
Resonó en mis oídos,
mis ojos
vieron lo que hondo,
en el pecho,
me hizo temblar el corazón
con sagrado temor.
Tímida y asombrada,
estaba allí,
avergonzada.
En servirle pude
sólo ya pensar:
en compartir con Siegmund
la victoria o la muerte;
¡sólo esto podía yo elegir
como destino!
Por aquel que inspiró ese amor,
íntimamente fiel a la voluntad
que me unió al welsungo,
me opuse a tu orden.
WOTAN
Así, hiciste lo que yo deseaba
hacer de buen grado,
¡eso que la necesidad obligó
a no hacer!
¿Tan fáciles creías
las delicias del amor;
el dolo me rompía el corazón,
me causaba rabia detener,
para bien de un mundo,
la fuente del amor;
en mi corazón torturado?
Mientras me volvía
contra mí mismo,
rabioso por mi impotencia;
mientras encendido
y furioso deseo
despertaba en mí
la terrible voluntad
de enterrar mi eterna tristeza
entre las ruinas
de mi propio mundo,
tú te confortabas dulcemente
y hallaste celestial consuelo,
te embriagaron los encantos
del amor,
mientras a mí,
mi propio amor divino
me procuraba
tan sólo amarguras.
Déjate guiar, pues,
por tu despreocupado
entendimiento;
te has separado de mí.
Tengo que evitarte:
ya no puedo confiar en ti;
separados, no podremos
nunca más obrar
de común acuerdo;
¡mientras te duren
el aliento y la vida,
ya no podrás encontrar al dios!

BRUNILDA
Tal vez no te fue útil
la alocada muchacha
que, asombrada,
no te comprendió tu consejo;
mi inteligencia
sólo me aconsejó una cosa:
amar lo que tú amabas.
Si tengo, pues, que separarme de ti
y evitarte, temerosa,
si tienes que dividir
lo antes indivisible,
mantener lejos de ti
a tu propia mitad,
que además te pertenecía por entero,
¡oh, dios, no me olvides!
¡No deshonres a una parte
de tu eternidad,
no quieras que la vergüenza
la ultraje!
¡Tú mismo te hundirías
viéndote objeto de escarnio!
WOTAN
Te sometiste dichosa
al poder del amor:
¡sigue ahora a aquel
al que habrás de amar!

BRUNILDA
Si debo abandonar el Walhalla,
nunca más obrar
y dominar contigo,
obedecer en adelante
al hombre altivo,
no me des en premio
a un jactancioso cobarde.
¡Que no sea indigno
quien me gane!

WOTAN
Te has apartado
del Padre de los Combates:
no puede elegir él por ti.

BRUNILDA
Tú engendraste una noble estirpe,
de ella jamás podrá nacer un cobarde:
el más sagrado héroe,
yo lo sé, florecerá
en el tronco de los welsungos.

WOTAN
¡No hables del tronco
de los welsungos!
Al separarme de ti, me separé de él;
la envidia exigía su aniquilación.

BRUNILDA
Al separarme de ti,
lo he salvado.
Sieglinde cuida
el más sagrado fruto;
entre dolores y penas
como jamás sufrió mujer alguna,
dará luz
a lo que cobija temerosa.

WOTAN
¡Jamás busques en mí
protección para la mujer
ni para el fruto de su cuerpo!

BRUNILDA
Ella conserva la espada
que hiciste para Siegmund.

WOTAN
¡Y que rompí en pedazos!
No pretendas,
oh virgen,
turbar mi ánimo;
aguarda tu destino;
¡no puedo elegirlo para ti!
Pero ahora
tengo que partir,
marchar lejos;
ya me he detenido demasiado;
me aparto de la descarriada,
no puedo saber
lo que ya desea;
¡sólo quiero ver cumplido
su castigo!

BRUNILDA
¿Qué has ordenado
que yo sufra?

WOTAN
Te sumiré en un profundo sueño;
¡quien despierte a la indefensa,
la hará, al volverla a la vida,
su mujer!

BRUNILDA
Si debo entregarme al sueño,
para ser fácil botín
del más cobarde de los hombres,
al menos
concédeme una cosa,
y te lo pido solemnemente.
¡Protege a la durmiente
con disuasorios temores,
para que sólo un héroe
libre y sin miedo
me encuentre un día aquí,
en la roca!

WOTAN
¡Pides demasiado,
demasiada gracia!

BRUNILDA
¡Al menos
tienes que concederme esto!
Aplasta a tu hija,
que abraza tus rodillas;
pisotea a la fiel,
destruye a la virgen,
los restos de su cuerpo
deshaga tu lanza,
¡pero no la entregues, cruel,
al más ultrajante oprobio!
¡Manda que arda un fuego,
rodee la roca
ardiente llamarada;
lama su lengua,
muerdan sus dientes
al cobarde que, insolente,
se atreva a acercarse
al amedrentador peñasco!
WOTAN
¡Adiós, osada, magnífica niña!
¡Tú, de mi corazón
el más sagrado orgullo!
¡Adiós! ¡Adiós! ¡Adiós!
Si he de evitarte
y no puedo volverte a ver,
recibe, amoroso, mi saludo;
si nunca más debes cabalgar
a mi lado,
ni presentarme la hidromiel
en el banquete,
si he de perderte, a ti,
a la que amo,
riente gozo de mis ojos:
¡que arda un ahora para ti
un fuego nupcial
como jamás ardió
para novia alguna!
Ardiente llama rodee la roca;
con devorador horror
ahuyente al pusilánime:
¡que el cobarde huya de la roca
de Brunilda!
¡Que sólo uno pretenda a esta novia,
uno más libre que yo, el dios!

(Brunilda cae, conmovida y
entusiasmada, sobre el pecho de
Wotan; él la abraza largo rato)

En estos luminosos ojos
que a menudo yo acaricié sonriente,
recompensado con un beso
tu conducta en el combate,
cuando balbuciente
fluía de tus divinos labios
la loa de los héroes;
estos dos radiantes ojos
que a menudo me iluminaron
durante el ataque,
cuando la esperanza me abrasaba
el corazón,
cuando a las delicias del mundo
aspiraba mi deseo
desde el temor trémulo:
¡por última vez
me solazo hoy en ellos
les doy el último beso del adiós!
Mientras para el hombre afortunado
brilla su propia estrella;
para el desdichado eterno,
la suya debe apagarse.

(toma su cabeza entre las manos)

¡Así se aparta de tu lado el dios,
así te quita con un beso
la divinidad!

(la besa largamente en ambos ojos.
El la guía con delicadeza, y la
deposita, tendida, en una pequeña
elevación musgosa, sobre la que
extiende su amplia enramada un
abeto.
La contempla y le cierra el
yelmo; sus ojos se detienen después
en la figura de la durmiente, que
ahora ha cubierto totalmente con el
gran escudo metálico de la
walkyria.
Después avanza con solemne
decisión al centro del escenario
y dirige la punta de su lanza
contra una poderosa peña)

!Loge, oye!
¡Dirige tus oídos hacia aquí!
Igual que te encontré
por primera vez, siendo ígneo fuego;
como un día te me escapaste
convertido en errabunda llama,
¡igual que entonces te até,
te ato ahora!
¡Arriba, oscilante llama,
rodea de fuego la roca!

(a continuación golpea tres veces en
la roca con la lanza)

¡Loge! ¡Loge! ¡Ven aquí!

(de la peña brota un rayo ígneo que
poco a poco crece formando una
llamarada más clara. Estalla un
brillante fuego flameante. Luminoso
arder rodea con salvajes llamaradas
a Wotan. Este indica con la lanza
imperiosamente al mar de fuego que
rodee el círculo del borde rocoso
formando una corriente; al punto
ésta se arrastra hacia el foro,
donde ahora arde continuamente
alrededor del borde de la montaña)

¡Jamás atraviese el fuego
quien tema
la punta de mi lanza!

(extiende la lanza como para el
conjuro. Después mira apenado a
Brunilda, se vuelve lentamente para
partir, y aún mira una vez más
hacia atrás hasta que desaparece a
través del fuego)



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Julio Perales Díaz 1998
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About Gaby F

lectora, estudiosa de la historia antigua, especialmente la mitología germánica, indoeuropea. ".
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